Miércoles, 06 de Agosto de 2014 20:12

No culpen a la lluvia...

Por Nicolás Ducoté, concejal

Junto con la inseguridad, el pésimo estado de muchas avenidas y calles en nuestro Partido acumula el mayor número de quejas de los sufridos vecinos, casi sin distinción de barrios ni de localidades.

La reciente designación de un concejal oficialista como delegado de la Municipalidad en Derqui trajo consigo la "novedad” de que el flamante nombrado priorizó, entre los ejes de su futura gestión, la mejora de las calles derquinas, a las que no dudó en calificar de "intransitables”.

Las palabras del edil coincidieron en el tiempo con las respuestas del titular de Obras Públicas de la Municipalidad, quien tal vez haya considerado natural salir al cruce del unánime fastidio vecinal con el argumento de que para solucionar el problema hay que esperar a que deje de llover tan seguido.

El año ya ha gastado siete de sus doce meses. Aunque pueda admitirse que, como se dice en el campo, 2014 "vino bastante llovedor”, fueron muchas las jornadas en las que no hizo falta el paraguas. Sin embargo, en un distrito que tiene un 80 por ciento de calles de tierra sólo se hicieron 120 cuadras desde fin de año hasta ahora, y el vaticinio oficial es llegar apenas a las 200.

Las cifras son menos que mediocres para un Pilar que rebosa de vías de circulación inutilizables, por las cuales desde hace mucho tiempo no tienen chances de andar ni las ambulancias ni los remises. Lo señalado respecto de Derqui podría extenderse a Agustoni, a La Lonja, a Zelaya, donde hasta la calle de acceso a la sala de primeros auxilios es un auténtico desastre, y a cualquier zona que se nos ocurra señalar dentro de la geografía pilarense.

Hay familias que aseguran que "la máquina”, ésa que supuestamente alivia periódicamente la situación, no pasa desde hace años por la puerta de sus casas. Otros vecinos cuentan –y demuestran con imágenes- que en algunas zonas los caños de agua están a la vista, sin nada que los recubra.

Hay que recordar que esto ocurre en un Partido que tiene el Parque Industrial más importante del país, cientos de barrios cerrados y clubes de campo de todos los niveles imaginables, centros de compras y de recreación que atraen incluso a gente de otras jurisdicciones. Todos los elementos mencionados cumplen con sus impuestos, que no suelen ser módicos. La contraprestación de esos tributos en infraestructura es simplemente lamentable, por caduca o inexistente.

Quizá suene como una consigna política, pero en este caso es absolutamente verdadera y precisa: Pilar, su gente, sus vecinos, merecen bastante más que lo que reciben por lo que pagan.

Y un comentario adicional: a los funcionarios públicos no se les paga para que comenten los problemas de la realidad o busquen relativizarlos con excusas como la de la lluvia.  La gente espera que los resuelvan.

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