Viernes, 01 de Abril de 2016 18:37

El ajuste llegó a todos lados... también a Medifé

Por Luciano Gómez*

No pretendo que mi esfuerzo reciba mayores elogios que el de cualquier hombre. Mi accionar cotidiano no tiene como objeto ser aplaudido por terceros. Mi dificultad no merece un mayor reconocimiento que el de un operario de fábrica o un peón del albañil que, en muchos casos, debe soportar hacer lo que no le gusta para sostener a una familia y ni siquiera llega a fin de mes. No creo que los obstáculos que enfrenten a diario las amas de casa, las empleadas domésticas, sean más difíciles que los que enfrento yo a diario por poseer una discapacidad. Sin embargo, de todas maneras, hay algo que hoy mis letras necesitan gritar a modo de protesta y, por qué no, también sacar pecho.

 

A pesar de la deficiencia motriz que acarreo-con orgullo y dignidad- llevo una vida normal. Trabajo-no de manera formal ahora pero sobrevivo- estudio, soy inquieto, ejerzo con pasión la profesión que elegí sin que sea esto una actividad lucrativa -al menos por ahora-. No me detengo, persigo mis sueños, como cualquiera, como todos... Trato de vivir. Algo simple y complicado. Difícil, duro...pero indudablemente hermoso. Quiero vivir como cualquiera, esforzarme como cualquiera para, por lo menos, proyectar un futuro mejor que, a juzgar por los acontecimientos, parece lejano. Sin embargo, no quiero ser de esos que busquen en terceros responsabilidades por no haber cumplido los objetivos que se pusieron buscando sin asumir responsabilidades o culpa porque, como alguna vez me dijo un gran profesor: “Al fin y al cabo, en el mayor de los casos por lo menos, uno es quien elige ser”.

En esa lucha siempre estuve bien acompañado. Por mi cuerpo médico, por mi mamá -obviamente- por mi sobrino y algún otro familiar (no tantos, los necesarios) e inclusive Medifé...hasta ahora.

Parece que el aire de cambio que se vive en la Argentina también afectó a las Prepagas. Al parecer mis sueños son un gasto demasiado alto y todo ese apoyo al cual agradecí siempre durante 14 años quiere llegar a su fin. Por eso, desde noviembre lucho por las prestaciones que brindaron siempre y de manera impecable... hasta hoy. Parece que el discurso de eficacia y eficiencia -tan de moda en las empresas de estos tiempos- llegó a la salud. Entonces no importa, ya no vale la pena gastar 14 mil pesos en ortesis, 25 mil pesos en traslados, 3 mil pesos en tratamiento para respetarle los derechos a un hombre que, ahora que lo pienso en frío, es caro.... Pucha que es caro. Pero no se puede detener para ahorrarle dinero a una empresa que si tiene para poner carteles en canchas de fútbol y no en cualquiera, en la de equipos grandes, para ser sponsor de Luciana Aymar o financiar películas.... De marketing no  entiendo demasiado. No obstante, creo que en una empresa la salud y el bienestar de los afiliados debe ser prioridad... ¿No?

Porque no es que cada gasto que genero lo hago a propósito. No reniego de mi discapacidad.  Sin embargo, sin ánimo de hacerme la víctima, aclaro que no hubo un sorteo en el cual elegí ser como soy. Y es cierto, es un dinero importante no cabe dudas de eso, pero cada centavo representa un derecho y son prestaciones que me ayudan a bailar con la que me toca de la mejor manera posible... Como todos,  pero cuando pasan estas cosas, realmente se hace muy difícil.

Piense usted trabajador. Joven que trabaja y estudia que en más de una oportunidad quisiera que el día tenga más horas, si a esa vorágine le tiene que sumar peleas con abogados, opiniones de médicos que en 40 minutos quieren evaluar una lucha de 27 años y tienen el tupé de criticar a aquellos que han hecho de mí lo que soy. ¿Cómo se sentiría usted si una persona de alto rango lo define como un coste y manifiesta que los 18 mil pesos que cobran por mes, es hacer un precio? Sin mencionar que con esa suma se violó la ley sancionada por el congreso en 2007 que manifiesta que el techo es 3 veces el plan mínimo...

Silvio Rodríguez tiene razón cuando expresa en su canción “el que siga buen camino tendrá sillas, peligrosas que lo inviten a parar”. Porque con esos gastos, derechos, prestaciones o como quieran llamarlo voy camino a cumplir mis sueños o lo intento por lo menos.... ¿Alguien conoce mejor camino que ese?

Hace un tiempo que quiero parar, estoy triste, cansado, decepcionado, molesto y enojado. La lucha resumida a que soy solo un número, un gasto demasiado alto. Es cierto que ellos ponen la plata pero no hay que olvidarse que en cada cirugía, rehabilitación y accionar cotidiano también va mi esfuerzo. Lástima que es algo abstracto que no se puede medir ni ver reflejado en números.

Tengo ganas de frenar. Tengo ganas de ponerle fin a todo. Me siento desgastado.

Hasta que me lavo la cara, me miro al espejo y recuerdo lo que escribió Eduardo Galeano: “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” y me vuelvo a motivar. Porque es cierto que para Medifé puedo ser un costo alto, pero pido lo que corresponde -y que hasta hoy siempre cumplieron- pero llegó el ajuste y a pesar de él seguiré peleando hasta ganar la batalla.

Porque los sueños no tienen precio.

*Periodista

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